Mujeres desaparecidas

Lacárcel al aire libre

La
cárcel al aire libre

Entre 2000 y 2015, se encontraron mil 481 fichas de mujeres que dejaron su último rastro en algún punto del Estado de México. El 50% no supera los 18 años.

Texto: Daniela Guazo

De lunes a viernes, unos minutos después de las siete de la mañana, el portón de la preparatoria oficial 128 General Francisco Villa se cierra con candado y pesadas cadenas de metal. Los alumnos del turno matutino se dispersan y entran a clase. Entre las principales reglas, hay una que sobresale: una vez dentro, nadie puede acercarse a la reja.

No saben si es la mejor decisión, pero es lo poco que pueden hacer para no dejar entrar a la violencia que permea la zona, dice Leticia Fragoso, directora del plantel.

La pequeña escuela, es la primera que se construyó sobre la Avenida San Andrés, en la colonia Hank González, perteneciente al municipio de Ecatepec. Al inicio ningún profesor tenía un salario permanente. Entre padres y alumnos juntaban dinero para el sueldo de sus maestros. No era la situación ideal, pero era necesario crear un lugar de contención para los jóvenes, relata Fragoso.

Por sus altos niveles de violencia contra la mujer, este municipio, en el que se ubica la “prepa 128”, ha sido comparado con Ciudad Juárez. Aquí, a 30 minutos de la Ciudad de México, hay 101 mujeres desaparecidas desde hace una década, según los registros de la base de datos de Odisea, sitio creado por la Procuraduría General de Justicia del estado para la divulgación de personas desaparecidas o no localizadas, como lo define su página de Internet.

Esa es sólo una pequeña porción del problema. Entre 2000 y 2015 se registraron mil 481 fichas de mujeres que dejaron su último rastro en algún punto del estado mexiquense. El 50% no superaba los 18 años al desaparecer.

La información sobre la circunstancia de las desapariciones es escasa. Desaparecieron camino a la escuela. Salieron a buscar un café- Internet para terminar sus tareas y no volvieron. Fueron a la tienda, a unas cuadras de su hogar, y se esfumaron.

En 400 registros, ni siquiera se tiene ubicado el municipio en el que desaparecieron. La única especificación es que la última vez que las vieron fue al salir de sus casas, ubicadas todas en el Estado de México.

Esta base de datos ya no está disponible para acceso público. Estuvo en línea hasta noviembre de 2015. Los reportes, al igual que las mujeres del Estado de México, desaparecieron sin mayor información.

El Programa de Difusión de Personas Desaparecidas, ¿Has visto a…?, de la Procuraduría General de la República (PGR), es la única fuente para buscar el número actual de mujeres desaparecidas en el Estado de México. El sitio sólo tiene 36 registros, cifra que equivale al 2% del total de las fichas que existían en el portal de Odisea.

La escuela tras las rejas


La colonia Hank González, considerada como la más peligrosa de Ecatepec, está a un poco más de media hora de distancia de la Ciudad de México. El acceso desde la capital es sencillo. En la estación del metro Indios Verdes salen camiones rumbo a ese lugar.

Después de pasar por calles angostas y llenas de baches y topes que hacen que cualquier vehículo baje la velocidad, se llega a la Avenida Camino a San Andrés, a pocos metros, hay un edificio de paredes color verde agua en el que más de 200 alumnos, sólo en el turno matutino, estudian todos los días.

La colonia se ha ganado fama los últimos años, no por el número de bibliotecas o de espacios recreativos para los jóvenes, sino por ser un sitio de riesgo: desde hace cuatro años se han reportado más de 183 feminicidios, según los datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

En ese mismo punto, se levantó la preparatoria “Pancho Villa”. Una pequeña barda, que apenas sobrepasa los dos metros de altura, intenta separar a sus alumnos de la violencia. “En algún momento pensamos si estábamos haciendo bien o mal, porque pusimos sanciones si te acercabas a la reja”, dice su directora.

Sentada en uno de los pupitres desvencijados que conforman una de las aulas, Fragoso narra que esta regla los ayudó, principalmente, a que los traficantes de drogas se alejaran de la puerta. La reja, de barrotes blancos reforzados con alambre, era un punto de cercanía con el exterior. “Solo así evitamos que cualquier persona ajena se acerque a los estudiantes en horas de clase. A veces les quieren vender droga, les piden que los ayuden a traficar en las instalaciones o buscan contacto con algún alumno”, dice.

“A veces les quieren vender droga, les piden que los ayuden a traficar en las instalaciones o buscan contacto con algún alumno”

Leticia Fragoso

Esta escuela rompe con el tradicional esquema de clases. Aquí reciben talleres para identificar violencia sexual. Realizan obras de teatro para hablar sobre feminicidio. Tienen charlas sobre trata de personas y las formas de enganche. Hablan sobre temas con los que viven diario, pero que no terminan de entender.

Alejandra, una joven de 18 años que mide un poco más de 1.60, se queda afuera de los salones cada vez que tocan el timbre entre clases. Al final de la jornada sortea la violencia de las dos zonas más inseguras del Estado de México. En su colonia, Benito Juárez, está el área de La Mesa, un terreno baldío símbolo de la violencia criminal. “A cada rato tiran a jovencitas ahí”, relata la estudiante de último año.

Esa es una de las razones por las que siempre ha elegido estudiar en las mañanas. Si saliera tarde, el camión que toma de regreso a casa iría casi vacío. “Estamos cansadas de salir con miedo y sin saber si vamos a regresar a nuestras casas. Te asaltan. Te violan. Te desaparecen”, dice con un dejo de molestia.

Para sus compañeros varones, está situación no es desconocida, pero hablan poco sobre el tema. Sus comentarios no van más allá de narrar las actividades escolares contra la violencia y que ellos no están de acuerdo con lo que le ocurre a muchas de sus compañeras.

En las instalaciones se observa una convivencia relajada entre compañeros de ambos géneros. Algunos platican, caminan por el pequeño patio o juegan futbol. Nada distinto a cualquier planatel escolar, salvo que nadie se acerca a la reja. Afuera, se observa el ir y venir de las personas que los observan del otro lado de los barrotes.

Los números que alarman


En 2012, dos pupitres de esta escuela se quedaron vacíos. Sus ocupantes desaparecieron. Se levantaron denuncias, pero hasta el momento nadie sabe cuál fue su destino. Las autoridades hicieron su trabajo sólo en el papel. Este es uno de los tantos rumores que han escuchado las alumnas de la preparatoria 128.

“En el Estado de México existe una fragilidad institucional que hace que toda esta problemática sea más evidente. No es posible que haya este número de desaparecidas y que las autoridades no se den cuenta”, dice Juan Martín Pérez de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

“No es posible que haya este número de desaparecidas y que las autoridades no se den cuenta”

Un profesor de esta escuela relata que en uno de los casos supieron que la chica llamó por teléfono a su madre para decirle que estaba bien. Sin embargo, después de casi cinco años de analizar las cifras sobre trata de personas y desaparición, Gerardo Nava, especialista del Observatorio contra la trata, afirma que estas llamadas muchas veces son consecuencia de amenazas. “Pero resulta ser la forma en la que las autoridades ya pueden decir que el caso está resuelto”, dice Nava.

Guadalupe lleva unos leggins y una playera holgada. Tiene 17 años e intenta vivir sin miedo. Esta joven estudiante relata que en el camino a su casa ha contado hasta 20 carteles diferentes de mujeres desaparecidas. “No salgo mucho. Es difícil que mis papás me dejen ir a fiestas”, dice sentada en uno de los escalones de la prepa.

Participó en varias de las protestas, organizadas por uno de sus profesores, que la han llevado a las calles con sus compañeras, una actividad impulsada para vincularlas con la perspectiva de género y enseñarles a alzar la voz.

La Unidad de Periodismo de Datos de EL UNIVERSAL sistematizó todos los registros de mujeres desaparecidas que se encuentraban en el portal de Odisea hasta noviembre de 2015, la base de datos de personas extraviadas en el Estado de México. La frase “¡¡¡Tú también puedes ayudarnos a encontrarlo!!!” enmarca los rostros de mil 481 mujeres que estaban en este sitio.

En la entidad hay al menos 634 jovencitas, entre los 13 y los 17 años, que siguen desaparecidas, según los datos recopilados del portal Odisea. Ecatepec registra 101, Valle de Chalco tiene 108. El primer lugar lo ocupa el municipio de Nezahualcóyotl, donde hay 220 mujeres que siguen como “no localizadas”.

Este programa, perteneciente a la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, ocupa cuatro términos diferentes para las fichas que concentra. Cualquiera puede ser una persona desaparecida, no localizada, ausente o extraviada. En los primeros dos existe la posibilidad de que haya un delito de por medio. En los últimos dos los catalogan como una situación en la que no existe una amenaza.

Aunque las palabras tienen diferencias importantes de significado, en los registros que se obtuvieron de la página de Odisea esto no se especifica.

Los años de registro varían. La base de datos cuenta con registros desde el 2000 hasta 2015. Desde 2014, según los datos del sistema, no se han encontrado a 326 mujeres. Al 40% de estos casos, es decir 119, se les perdió el rastro en alguno de estos tres municipios: Ecatepec, Valle de Chalco y Nezahualcóyotl.

El gobierno mexiquense ha intentado tomar medidas que ayuden a solucionar esta problemática que lleva más de cinco años en el estado. A mediados de 2014, el procurador de justicia, Alejandro Jaime Gómez, creó la Fiscalía especializada para la investigación de personas desaparecidas, no localizadas, extraviadas y ausentes. La Ciudad de México no cuenta con una unidad de este tipo.

La página de Internet de la Fiscalía no cuenta con ningún informe en el que se describa el trabajo, los logros o los planes que tiene el organismo. El Universal Data solicitó una entrevista para saber su postura ante el tema, pero hasta la publicación del reportaje no se tuvo la confirmación.

El primer año de trabajo de esta unidad no tuvo grandes méritos. En julio de 2015, la Secretaría de Gobernación (Segob) aceptó declarar una alerta de género en 11 municipios del Estado de México: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Toluca, Chimalhuacán, Naucalpan, Tultitlán, Ixtapaluca, Valle de Chalco, Cuautitlán y Chalco.

Casi un año después, se puso en marcha la campaña “No permitas que las arranquen de nuestras vida”, en la que trabajarán de la mano el Observatorio Nacional Ciudadano del Feminicidio, la Comisión de Derechos Humanos de Edomex y los 11 municipios de la alerta para intentar poner freno a un problema que se les ha salido de las manos.

Para Alejandra y Guadalupe es como jugar un volado todos los días. “Aquí nadie sabe si va a regresar a su casa”, admiten con voz baja, como si estuvieran contando un secreto. Pero eso no les quita las ganas de vivir como cualquier adolescente.

Eligen su ropa pensando en lo que quieren vestir. Las fiestas en sus colonias no abundan, pero luchan por asistir a las que las invitan. Toman el transporte público con miedo, pero siempre viendo a todos los que las rodean. Les gusta ir a la escuela, quieren salir del Estado de México, pero no se acercan a la reja.

Los registros de Capea y Odisea muestran una situación alarmante en ambos estados.

Tasa de desaparecidas Ciudad de México

Mujeres desaparecidas

Tasa por cada 100,000 mujeres

Mujeres desaparecidas

0

130



Ranking Delegación Tasa por cada 100,000 mujeres
1 Cuauhtémoc 130
2 Venustiano Carranza 91
3 Iztacalco 87
4 Iztapalapa 66
5 Xochimilco 63

Tasa de desaparecidas Estado de México

Mujeres desaparecidas

Tasa por cada 100,000 mujeres

Mujeres desaparecidas

0

68



Ranking Municipio Tasa por cada 100,000 mujeres
1 Chalco 68
2 Cocotitlán 48
3 Nezahualcóyotl 38
4 Mexicaltzingo 33
5 Coatepec Harinas 26

“Estamos cansadas de salir con miedo y sin saber si vamos a regresar a nuestras casas. Te asaltan. Te violan. Te desaparecen”